Uno de los temas que más suele llamar la atención cuando vemos, escuchamos y leemos las noticias en los medios de comunicación es el orden de estas: ¿cómo se establecen las prioridades y por qué se da más importancia a unas que a otras?

En la facultad, nos enseñaban que el orden de las informaciones era el siguiente: cercanas antes que lejanas, las que afecten a un mayor número de personas sobre las que menos y las historias más actuales sobre las más antiguas.

Así, nos afecta más la tragedia del tren de Santiago de Compostela que la muerte de Asumpta, la niña que apareció asfixiada en la misma ciudad; más esto que si se encuentra, por fin, el cuerpo de Marta del Castillo; más lo anterior que el desastre de Lampedusa; más lo que ocurre en Italia, que la guerra civil en Siria o la que puede estarse gestando en Egipto; y más esto que que Nicolás Maduro apruebe una ley para hacerse con otra parcela de poder en Venezuela.

Decía Mark Zuckerberg que “saber que una ardilla muere en tu jardín puede ser más relevante para tus intereses que saber que muere gente en África”. De hecho, los filtros de búsqueda de Google se adaptan al historial de cada persona, lo que deja fuera información que puede ser muy relevante. Luego volveré a ello.

saber que una ardilla muere en tu jardín puede ser más relevante para tus intereses que saber que muere gente en África

Sin embargo, hay otro elemento en juego que no nos explican en la universidad: la línea editorial del medio. No solo se ve afectada la forma de tratar el contenido sino también la prioridad que se asigna a la noticia. Lo normal es que con informaciones como los ejemplos anteriores, no haya problemas y todos le den una importancia semejante. Pero no ocurre lo mismo cuando hablamos de cuestiones políticas locales, es decir, en España, y en nuestra Comunidad Autónoma y provincia.

Todos nosotros, por pura psicología, tendemos a intentar afianzar nuestras opiniones leyendo, viendo o escuchando medios afines. Una persona católica y de tendencias conservadoras, en general, leerá ABC o La Razón, escuchará la COPE u Onda Cero, y verá los informativos de Antena 3 o de Intereconomía. Por supuesto, no necesariamente será así, pero es lo habitual.

Esto lo saben las empresas editoras y es algo asumido como tal. No existe la objetividad absoluta porque todos somos seres humanos, tenemos una educación, hemos vivido determinadas experiencias que nos hacen ser lo que somos. Y somos sujetos, esto es, subjetivos. La elección de un titular y no otro, la ordenación de la propia noticia, las palabras escogidas,… absolutamente todo depende de la persona que lo elabora. Si entrevistamos a los testigos de un accidente de tráfico, cada uno nos contará una historia que, en ocasiones, es casi opuesta; depende del lugar desde donde lo vieron, del momento, de si estaban pendientes o tenían la cabeza en otra parte, etc.

Ahora bien, los periodistas, a pesar de ello, debemos tender hacia la objetividad ofreciendo todos los puntos de vista posibles de una noticia, algo muy difícil en algunos medios.

Una cosa es tener una determinada línea editorial y otra cosa muy distinta es lo del ejemplo anterior, lo que viene a explicar el porqué las televisiones autonómicas pierden cada vez más y más seguidores.

Por las mañanas, las redacciones de informativos y las de los medios impresos se reúnen para decidir cuáles van a ser las noticias a cubrir y qué prioridad se les va a dar, según los parámetros antes vistos. Hay informaciones que son evidentes y en las que todos están de acuerdo, sean del signo que sean, y otras, normalmente las políticas, que marcan la diferencia con casos que pueden ser francamente divertidos cuando los analizas desde la perspectiva periodística. Son las que aparecen en las portadas de los diarios y revistas, y en los titulares de las radios y televisiones, aunque luego se desarrollen en las secciones correspondientes.

Un ejemplo lo tienes en la revista de prensa de hoy mismo, tal y como recoge El Economista

Portadas periódicos del 10-10-13

Entonces hablemos de transparencia. Hablemos de cómo si dos personas buscamos lo mismo en Google y al mismo tiempo, obtenemos resultados diferentes. De cómo los políticos intervienen en los medios y las empresas editoras les dejan. De cómo se manipula la información en las cadenas públicas. De cómo el 1 de enero de 2014 entrará en vigor una ley de transparencia que es de todo menos transparente,… Y luego nos quejamos de que los medios están perdiendo lectores, radioyentes y televidentes.

Antes de acabar, quiero compartir contigo dos artículos que me han parecido de gran interés y que he podido leer gracias al estupendo y activo grupo que tenemos sobre Periodismo en Google+. El primero, de Miquel Pellicer, tiene por título la frase en interrogativa de Mark Zuckerberg que leías más arriba; no te lo pierdas porque viene a resumir, mucho mejor que yo, todo de lo que hemos estado hablando pero con un final muy esperanzador. El segundo, de Pilar Millán, cuestiona si los periodistas podemos ser objetivos en otro de los campos de batalla actuales: las redes sociales.

Mientras los medios se vean sometidos a estos poderes, será difícil que exista una tendencia a la objetividad deseable. Línea editorial, sí; sesgo informativo, por favor, no. Delimitemos un punto de equilibrio que nos permita informar con rigor y responsabilidad, en profundidad y sin intereses partidistas. Todos asumimos que, por ejemplo, ABC sea católico y monárquico; o que COPE pertenezca a la Conferencia Episcopal y, por lo tanto, sea defensora de la Iglesia. Son transparentes. Sin embargo, no podemos consentir aberraciones como la que hemos visto de Telemadrid. Hay un límite y el público nos lo está poniendo. Escuchémosle.

Por ello, ahora me gustaría escucharte a ti. ¿Qué opinas de la transparencia en los medios de comunicación? ¿Piensas que todos estamos sesgados y que buscamos los medios que apoyan nuestros puntos de vista, en vez de contrastar unos con otros?